Importancia del matrimonio y la familia






El núcleo familiar es el más importante ante Dios. Ese núcleo comienza en el matrimonio. La familia es la que componen la iglesia. La familia es una estructura completa, igual que el cuerpo humano, que está compuesto por cabeza, tronco y extremidades. El maligno al atacar y dividir a la familia sabe que está dañando la iglesia. La iglesia con familias unidas tiende a ser fuerte y permanente. Sin embargo, la iglesia con familias divididas tiene la tendencia de ser frágil e inestable.
Este  desbalance  se  dio  a  raíz  del  pecado  original  alterando  la  relación  entre hombre y mujer. Afectando entre otras cosas la sexualidad que es conducida con sus propios fines. Esto explica las desviaciones que marcaron en primer lugar a Israel, y después, a la humanidad.  De estas desviaciones surgieron la poligamia, poliandria, incesto,  la plaga del divorcio, la explotación de la mujer, la violencia sexual etc.
Lamec fue el primero en promulgar el amor libre y violar la ley de la monogamia tomando dos mujeres (Gen. 4:19). A partir de allí vemos al matrimonio en picada con algún salvamento como en el caso de Noé. 
Pero gracias a Dios que en medio de esta debacle vino el redentor del mundo Cristo Jesús a inaugurar el reino perdido para restablecer el modelo original de Dios que se promulgó en el jardín del Edén. Por Su misión como sustituto fue llevado al matadero y nos compró a precio de sangre. Con esa acción redentora nos salva de pecado, tenemos acceso al Espíritu Santo, y de esa forma rescata el matrimonio. El primer milagro que registra Juan de Cristo fue para ayudar a un matrimonio (Juan 2:1-11)
Sin embargo, el matrimonio debe cultivarse mediante la dirección y obediencia a Dios  para  lograr  estabilidad.  Para  alcanzar  la  permanencia  en  la  familia  es compleja por la diferencia de caracteres en la pareja y otras circunstancias que obstaculizan la plena relación en el matrimonio.

Pero la bondad de Dios nos proporciona herramientas que conducen paso a paso hasta lograr esa ansiada estabilidad. Una de ella es la que se manifiesta en el siguiente ejemplo: Somerset Maughan, hablando de su madre, dice que era una persona amable y encantadora, y que todo el mundo la quería. Su padre no era un hombre bien parecido, y tenía pocos dones y gracias sociales. Alguien le dijo una vez a ella: «Cuando todo el mundo está enamorado de ti, y cuando tú podrías tener al que quisieras, ¿cómo puedes seguir siendo fiel a ese monigote feúcho de marido  que  tienes?»  Ella  contestó  sencillamente: «Él  nunca  hiere  mis sentimientos.» No se podría haber hecho mejor elogio.




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